Niñas sin miedo

Rodeada de latas de pintura rosa pastel y azul menta se encuentra Natalia Espitia, una bogotana de 29 años que camina por las calles de Ciudadela Sucre en Soacha rodeada de niñas, esas que hace algunos años le robaron el corazón.

Hace tres año Natalia pasó por un episodio de violencia sexual en espacio público cuando vivía en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Desde ahí perdió la confianza en los espacios públicos hasta que un día uno de sus amigos le propuso que empezara a andar en bici, este proceso de aprender a montar en bicicleta fue catártico para ella, no solo logro hablar sobre el episodio que vivió y allí nació la idea de crear la Fundación Niñas Sin Miedo en donde usa la bicicleta como herramienta para empoderar a niñas y mujeres, y combatir problemáticas como el embarazo infantil y la violencia sexual.

“La bicicleta es una herramienta importante para poder desarrollar seguridad, auto estima y auto cuidado.”

Con esta idea Natalia salió a la carrera séptima con un cartel para buscar bicicletas donadas, y junto con un grupo multidisciplinario de voluntarios

 

Todos los fines de semana Natalia y su equipo trabajan con 50 niñas beneficiarias del programa en dos líneas. La primera en educar a las niñas para que sean conscientes de sus derechos y la segunda enseñando a las niñas a andar en bici, para que cambien sus modelos mentales y sepan que son capaces de terminar los diversos ciclos de vulnerabilidad en las que habitan convirtiéndose en agentes de cambio.

Para Natalia este caballito de acero se ha convertido en una herramienta disruptiva para retomar el espacio público y reafirmar el derecho que toda niña y mujer tienen para hacer uso de este.