Simplemente ser

Griton, punky, trasgresor, aletoso, orgulloso de ser gordo y marica. Así se define Ángel Acosta de 22 años mientras baja el volumen de la música de su casa en Florencia, Caqueta; esa casa con ventanas blancas que hace unos meses se convirtió en su hogar.

Ángel es oriundo de Villavicencio de donde salió por la preocupación de sus papás a causa de la presencia de grupos armados en su región. Vivió y recorrió gran parte de la sabana de Bogotá trabajando y ganándose la vida hasta que decidió estudiar ciencias políticas en la Universidad Nacional de Colombia.

 

 

Tras su trabajo como voluntario en diferentes organizaciones que reivindicaban los derechos humanos y la ciudadanía plena de las personas con experiencias de vida Trans, descubrió su verdadera pasión, esa que hace a su corazón palpitar y a sus ojos brillar con Las Severas Flores, una organización que trabaja desde una perspectiva libertaria anti-patriarcal. 

“Allí descubrí que había más de una mirada sobre ser marica, donde no se trata de ser, sino se es. En estos colectivos pude encontrar el valor de lo popular, de comunidades mucho mas pequeñas que quieren trabajar por un cambio estructural y no solamente en el reconocimiento de sus derechos en materia jurídica.”

 

 

Para Ángel el trabajo con grupos under, como los llama, tiene un valor agregado, y es que con su activismo lucha contra los clichés de las estructuras típicas de los gays, esos estereotipos de gay educado, exitoso y feliz que se pueden encontrar deambulando una tarde por barrios como Chapinero. Esa otra mirada, cuenta, se puede ver en grupos como las tupamaras, una propuesta mucho más transgresora de lo femenino y masculino donde hay más diversidad.

Hace dos meses Ángel cambio el frío de Bogotá por la húmeda y acogedora Florencia, donde trabaja para visibilizar una cara totalmente diferente del conflicto y de la historia de Colombia con ayuda de la plataforma de mujeres y el Programa de Naciones Unidas para el desarrollo.